‘La idea invisible’: El análisis del empate entre Argentina y Paraguay

‘La idea invisible’: El análisis del empate entre Argentina y Paraguay

El conjunto del ‘Tata’ Martino igualó ante el seleccionado guaraní y suma un punto en todas las Eliminatorias en donde, además, no pudo convertir ni un solo gol

por octubre 14, 2015

“Me gusta un medio campo que controle el partido. Normalmente se controla el partido teniendo la pelota”. La frase, por más que no lo crea, es de Alejandro Sabella y por más que haya pasado un tiempo desde su manifestación, aun es un concepto latente en el fútbol. Argentina empató ante Paraguay cosechando solo un punto de seis posibles en el inicio de las eliminatorias. Y por más que esto parezca lo más grave, no lo es.

Lo más grave fue el cómo. Lo más grave fue la des-concertación de los jugadores argentinos. Lo más grave fue la falta de gestación en el juego. Lo más grave fue que no solo “la idea” que cranea Martino de lunes a lunes no se concretó, sino que parece que los jugadores no saben ni cuál es tal idea.

Lo más destacado de Argentina fue la bravura con la que enfrentó el partido y la solidez defensiva que evidenció (en gran parte por el buen rendimiento de Ramiro Funes Mori y Matías Kranevitter). No obstante, esa organización que se vio en defensa, también se vio en ataque. Y ese fue precisamente el problema más grave que afrontó la selección: ser ordenado en ataque.

Ni Di María, ni Lavezzi, ni Tevez, ni Pastore, ni Dybala, ni Lamela, ni Gaitán (no tuvo tiempo) fueron capaces de romper la última línea guaraní. Los atacantes argentinos jugaron muy aislados y a una velocidad tan alta que la asociación entre ellos fue imposible. Preponderó el individualismo y la gestación grupal no se concretó, o peor, ni se intentó. Lo mejor en ataque sucedió cuando Tevez, nueve para el entrenador, retrocedió metros en el campo para armar el juego que Pastore no podía encadenar.

El resto fue nefasto. Los jugadores argentinos temieron a combinarse entre sí y optaron, hasta el hartazgo, por la maniobra individual. Dijo Diego Latorre “la velocidad proviene del juego. Los más rápidos son los que piensan mejor”. Y hoy Argentina no pensó, solo corrió y cuando tuvo la pelota, chocó contra los centrales rivales.

Cada partido que pasa justifica más la necesidad de Messi en la selección. Los dos encuentros por eliminatorias sirvieron para reflejar que el rosarino no solo es clave para la definición y el último toque de la jugada sino además para la gestación del juego en tres cuartos de cancha. Hoy no estuvo Messi y Argentina pareció ser un conjunto de eslabones aislados que no se encadenaron. Un par de estrellas que no fueron constelación.

Argentina parece no tener un Plan B. “La idea” de la que habla el entrenador se desvanece a cada partido y solo quedan de ella intentos de salir jugando que, en gran medida, terminan con la devolución del balón por parte de un central al arquero que lanza pelotazo a mitad de cancha. Los pocos rastros positivos que se habían evidenciado en la Copa América, se esfumaron.

Para colmo la falta de gol despierta el entusiasmo del periodismo resultadista que ya comienza a preguntar por Icardi, Higuaín, Marco Ruben o Vietto, cuando en realidad el problema principal no (solo) fue la falta de gol sino la falta de la creación de oportunidades que llevaran al mismo.

Parece que la selección ha dado pasos en falso desde el último Mundial en donde, a pesar de que el estilo fuera otro, por lo menos había una idea clara de juego. Guste o no, Martino todavía ni siquiera definió su idea, algo que Sabella ya tenía claro y, por un infortunio, no puede contar con el bombero Lionel que apagó tantos incendios.

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