Ex jugador de la Selección confesó que consumió cocaína sobre el cadáver de su padre

Ex jugador de la Selección confesó que consumió cocaína sobre el cadáver de su padre

Recientemente confesó: “Cuando se murió mi padre, compré 30 gramos de cocaína y me los tomé delante de la gente. Tomé en el pecho de mi viejo en el velorio. Cuando cerraron el cajón estaba re duro”

por septiembre 13, 2017

Hace poco tiempo, el Claudio “Turco” García sacó su autobiografía, “Este soy yo”, donde cuenta, entre otras cuestiones, cómo fue su vida durante su adicción a la cocaína. En sus oscuros años de consumo, García hasta llegó a consumir cocaína en el pecho de su padre muerto, durante su velatorio.

A continuación, el fragmento de su libro:

“Probé cocaína por primera vez a los 15 años. Me destapó la nariz en menos de un segundo. Fue como el efecto del Vick VapoRub, que luego conocería en Francia, porque en Lugano no había. Sí había cocaína y era bastante buena. Empecé a hablar sin parar, parecía un loro. Me gustó. No tomé mucho más de pendejo porque estaba muy enfocado en el fútbol. Si no te cuidás vos, no te cuida nadie. Y si no te cuidás, perdés guita. Volví a tomar varios años después y nunca como hábito. Tomaba de vacaciones, muy de vez en cuando. O podía tomar un toquecito el domingo, cuando terminaba el partido, siempre y cuando el lunes no entrenara. Me descontrolé en ese bajón del Mundial 94, en la concesionaria. Fue sólo esa vez. Sinceramente, tomé menos de lo que hubiese querido porque me cuidaba. Creo que la resistencia que desarrollé a la droga fue por haber entrenado tantos años. Cuando empecé a vivir en el loft, ya no me ponía el despertador ni me importaba a qué hora me iba a dormir. Estaba retirado, pero una parte mía lo negaba. Nunca me había imaginado como un ex jugador, no sabía qué carajo hacer. Estaba ansioso, no tenía un objetivo. Empecé a tener más horas libres. Un día un amigo trajo cocaína al loft. Tomé, me gustó. Quise más. Volvió mi amigo. A seguir tomando. Y al día siguiente también.

Todos los días pensaba en cómo conseguir plata para tomar cocaína. Pensaba si me iba a alcanzar. Cuánto me iba a durar. Una enfermedad total. La cocaína era mi vida.

Esos años fueron los peores. Mi señora empezó a verme distinto, yo tomaba a escondidas. Nunca blanqueé con ella hasta que me descubrió tomando en el baño. No sabía qué decirle. Ella es antidroga total y desde ese momento se propuso ayudarme. No vivíamos juntos porque yo no quería. Ella y Yamil, mi hijo más chico, estaban a veinte cuadras. A veces me traía la comida, ordenaba un poco la casa. Yo evitaba hablar del tema, me hacía el enojado cuando ella me preguntaba si estaba drogado. La familia suya también me ayudó mucho.

Cuando se murió mi padre, compré 30 gramos de cocaína y me los tomé delante de la gente. No me importaba nada. Tomé en el pecho de mi viejo en el velorio. Le dije: “Pá, voy a tomar cocaína, gordo hijo de puta, por culpa tuya, hasta las 4 cuatro de la mañana”. Cuando cerraron el cajón estaba re duro. Me puse más violento, les quería pegar a los tipos que se lo tenían que llevar. Un desastre. Mis hermanos me frenaban, los agarré de los pelos. Fue una película de terror.

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Mucha guita se me fue en el vicio, pero mucho más en los gastos extra: nafta, hoteles, minas, lo que fuera. Ya no tenía ocupaciones, ni actividades, ni ingresos. Tuve que alquilar el loft y me fui a vivir a lo de mi suegra al Bajo Flores. En enero de 2006, a través de un amigo, me contactó Osvaldo Fernández, que era el presidente de Juventud Unida de Venado Tuerto y también es el dueño de una empresa de viviendas prefabricadas. Me contó que estaban armando un equipo de fútbol en Juventud, que hasta el momento sólo era un club de bochas. Me preguntó si quería ir a dirigir a Venado. Yo lo único que quería era tomar cocaína y parecía que allá iba a conseguir, así que dije que sí. Mariela, con tal de que hiciera algo, me dijo que fuera. Arreglé por 1.500 pesos por mes más la casa. A los dos meses llegó ella. La pasaba bárbaro, tomaba más cocaína que en Buenos Aires porque tenía plata y encima dirigía. Todavía no me podía imaginar que ir a Venado sería clave para sacarme de encima la neblina.”

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