Jonathan Fabbro, acusado de violar a su ahijada de 11 años: “Le dije que sí porque tenía miedo de que me hiciera algo”

Jonathan Fabbro, acusado de violar a su ahijada de 11 años: “Le dije que sí porque tenía miedo de que me hiciera algo”

Los ataques habrían ocurrido tanto en la casa de la abuela de la joven como en la casa de la niña, en donde la madre la víctima dijo que Fabbro se hospedaba en sus viajes, así como en el auto del futbolista

por julio 15, 2017

Un miembro de la familia del futbolista Jonathan Fabbro denunció al futbolista en la comisaría 52 en Villa Lugano por abuso sexual con acceso carnal de su hija, de once años. La denunciante, identificada como M., se había enterado de lo que venía a denunciar horas antes por boca de su propia hija, que aseguró que el abuso ocurre desde hace cinco años.

“Me contó que cuando tenía 6 la tocaba por todo el cuerpo, la besaba como si fueran novios y hace un año atrás la penetró”, anotó el oficial en una planilla, según informó Federico Fahsbender en Infobae. “Todo ocurría cuando estaban en casa de la abuela, o en la habitación de mi hija”, continuó M.: “Además le pedía que se saque fotos en pollera y que se las enviara. No lo puedo creer. Siempre le tuve confianza por ser de la familia”. Fabbro no solo era un pariente cercano de la niña de once años: era también su padrino.

El jugador es hoy mediocampista en los Jaguares de Chiapas en México. Nacionalizado como ciudadano paraguayo sin perder su pasaporte argentino, es padre de un hijo y está en pareja hace seis años con la modelo Larissa Riquelme. Pero no es la primera vez que se lo nombra un expediente judicial: en noviembre de 2013, el jugador atropelló y mató a Mónica Despeller, una joven de 23 años que iba a bordo de una moto mientras conducía su Audi TT en una ruta a casi cien kilómetros de la ciudad capital de Santa Fe. Fabbro pasó unas pocas horas detenido; su sueldo fue embargado por unos $900 mil, algo menor.

Sin embargo, la acusación de la madre de su ahijada puede ser un clavo definitivo en un ataúd para sus 15 años de carrera en las canchas. La denuncia fue elevada al Juzgado N° 32 a cargo del doctor Santiago Quian Zavalía; M. fue quien decidió impulsar la acción penal contra Fabbro.

Ahora, Gastón Marano, el abogado de la víctima, pidió que el futbolista sea detenido e indagado mientras está de visita en el país. Pero llegaron tarde: el futbolista dejó el país horas antes de que el abogado planteara su arresto.

Las pruebas

M. ratificó y amplió su denuncia inicial en el Juzgado N°32. Relató que vio conversaciones en el iPhone 5 de su hija, charlas de WhatsApp entre ella y un hombre que sería Fabbro, que le pide fotos a la menor entre emoticones de risa, llanto y babeo. “¿Tenés jeans? A verloooo”, dijo el supuesto Fabbro en la conversación. La niña, tras preguntarle si se casará con Larissa Riquelme, le envía apenas dos fotos y le reprocha: “Sos mi tío, no mi novio”.

Ahí mismo, en la casa familiar, en presencia de su hermano mayor, entre lágrimas su hija le reconoció que Fabbro la había abusado. Su hermano, de 17 años, había escuchado el testimonio de su hermana horas antes, llena de miedo, vulnerable, diciendo que Fabbro le había dicho de viajar juntos, que temía quedar embarazada ante un nuevo ataque: había tenido su primer período menstrual semanas antes.

La niña repitió su relato ante M.. La madre lo plasmó en forma textual en su declaración testimonial. El párrafo es de una brutalidad absoluta. “Yo me dejé, le dije a todo que sí, cuando me besa, como si fuera mi novio, el pito me lo metía en la concha, porque tenía miedo a que me hagan algo pasaron esas cosas. La última vez me tocó las tetas y le dije que no se pase. Me daba semen y lo escupía, me daba besos y me tocaba la vagina”, aseveró la menor, en boca de su propia madre. “Viste, mamá, ¿que los hombres tiran eso? Me lo tiraba en la boca y no me gustaba”, dijo la menor según la madre en una tercera testimonial el 15 de mayo.

Una psicóloga de parte que entrevistó a la menor aseguró que la presunta víctima “pudo hablar ampliamente” y que “denunció hablando de tiempos y espacios” con sentimientos acordes al abuso sexual como “inhibición, angustia, vergüenza, timidez”. Un test gráfico reflejó “soledad, aislamiento, inseguridad y baja autoestima” sobre cuestiones corporales.

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