La seguridad es la gran obsesión del Mundial de Rusia 2018

La seguridad es la gran obsesión del Mundial de Rusia 2018

Todo estará controlado en Rusia: Los aficionados deberán inscribirse en un registro. Faltan 12 meses para el Mundial, que se disputará en 12 estadios de 11 ciudades. Todo estará listo a tiempo. Desde el sábado, la Copa Confederaciones

junio 16, 2017

Doce estadios en 11 ciudades -Moscú tendrá dos-, 32 equipos y cuatro husos horarios diferentes harán que los argentinos vivan un Mundial netamente diurno. Los partidos más tempraneros se iniciarán a las ocho de la mañana; los más tardíos, a las cuatro de la tarde. La final del 15 de julio se jugará a las 12:00 de Buenos Aires, las seis de la tarde de Moscú, también en el remodelado Luzhniki. La otra sede moscovita será el estadio del Spartak.

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Las sedes
No habrá Mundial en Europa y Asia a la vez, porque los organizadores plantearon los Urales como límite. Por eso es que en Siberia lo verán por TV y en Polonia lo tendrán al alcance de la mano, gracias a que el enclave de Kaliningrado será sede.
El clima ofrecerá verano y otoño a la vez, además de “noches blancas” en San Petersburgo. Sochi y Rostov son las sedes del sur, mientras que Volgogrado -la ex Stalingrado- será estrella en el área del Volga, donde las sedes restantes son Kazán, Nizhny Novgorod, Samara y Saransk. Ekaterinburgo, ya en los Urales, será la sede más oriental.

Grandes distancias
Así, las distancias serán tan grandes como en el Mundial anterior, aunque existe una diferencia clave con el de Brasil: no hay dudas con los plazos de entrega de las obras ni críticas acerca de cómo el torneo afecta la economía del país, aunque el presupuesto total roce los 11.000 millones de dólares. Rusia, el país más grande del mundo, tiene tanto orgullo que no imagina otra cosa que un Mundial imponente. Y hay razones para pensar que será así en un país donde un niño de cinco años está desde la mañana y hasta las seis de la tarde en el jardín de infantes para aprender ballet, canto, pintura, inglés y lucha. Los rusos pasan buena parte del año refugiados de un clima inhóspito, y eso los ha convertido en un pueblo en el que el cerebro es un músculo que se ejercita a diario.

Perfecta organización
Pero en el Mundial, claro, se apelará a otros músculos, y ahí los locales están en leve desventaja. A Rusia le sucede lo mismo que a Estados Unidos, Corea Japón y Sudáfrica en los últimos torneos: es un anfitrión sin posibilidades ciertas de victoria. El título de los rusos pasa entonces por hacer un Mundial que organizativamente no falle. Y aunque es cierto que aquella elección de la FIFA en diciembre de 2010 en la que también se le dio la sede de 2022 a Qatar sigue siendo hoy una fuente inagotable de problemas y sospechas, Rusia es un país que organiza citas deportivas a un nivel que pocos alcanzan.
Los problemas en el Mundial vendrán en todo caso por otro lado, por el de la situación política del país. Nada nuevo en un país que sufrió el boicot a los Juegos de Moscú 1980 e hizo un papelón mundial con el doping de Estado en los de Sochi 2014.

No alcanza con la entrada
La FIFA, a la que sólo le importa que el Mundial sea un éxito deportivo y económico, sabe en qué país está. Es un país, también, en la mira del terrorismo internacional y del interno. Un país obsesionado con la seguridad. En el Mundial no alcanzará con tener entrada, los aficionados deberán inscribirse en un registro de “fans”. Todo estará controlado al máximo en una Rusia que el lunes celebró su día nacional con un impactante despliegue de pasión militar.
La tensión irá inevitablemente creciendo de cara a un Mundial que implica atención internacional para los opositores, lo que no impedirá que los militares, las fuerzas de seguridad y los servicios secretos se conjuren para que del 14 de junio al 15 de julio del año próximo la seguridad sea total.

La Copa
El ensayo general de cara a ese Mundial de dentro de un año comenzará este sábado con la celebración de la Copa Confederaciones en cuatro ciudades: Moscú, San Petersburgo, Kazán y Sochi. Un mini-Mundial al que la Argentina faltará, porque perdió la oportunidad en 2015 al caer ante Chile por penales en la final de la Copa América, pero en el que estará, entre otras selecciones, Alemania, actual campeona mundial.
Si el valor deportivo de la Confederaciones es aún discutible, su virtud como ventana al futuro es innegable: las enseñanzas que deje hasta el 2 de julio, día de la final, serán muy valiosas para la FIFA, el comité organizador y aquellos turistas que ya un año antes se animen a la aventura rusa.

Fuente: (La Nación).-

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