Llanto de chicos, responsabilidades de grandes

Llanto de chicos, responsabilidades de grandes

La selección argentina volvió a sufrir una eliminación temprana en una competencia internacional de juveniles. Como siempre, lloran los chicos, como siempre, la culpa es de los grandes

por agosto 10, 2016

“Fijate, hace unas semanas en Ezeiza éramos ocho”. La frase la dispara Ángel Correa, uno de los máximos representantes de la selección Sub-23 argentina que acaba de quedar afuera de los Juegos Olímpicos al empatar ante Honduras. Entre lágrimas, el jugador del Atlético de Madrid lo sintetiza todo: la eliminación se corresponde con el accionar egoísta e incapaz de los dirigentes de la AFA, que no fueron lo suficientemente aptos para armar un proyecto serio en una de las selecciones juveniles con más potencial del mundo. ¿El resultado? la descalificación en primera ronda en los Mundiales Sub-20 y Sub-17 en 2015 y la temprana, pero no inesperada, vuelta a casa en los Juegos de Río 2016.

Al final del último partido de la fase de grupos, solo quedaron en cancha unos cuantos jugadores menores de 23 años abatidos por una categórica derrota. Los que no salieron en televisión pero fueron tan, o más, responsables que los futbolistas fueron los dirigentes, que en su afán individualista de acaparar dinero, se olvidaron de hacer un proyecto en las divisiones juveniles.

¿Qué culpa le cabe a un grupo de futbolistas que entrenaron por primera vez juntos hace un puñado de días? ¿Y cuál a un entrenador que fue puesto en el cargo a menos de un mes del inicio de la competencia? La mas mínima.

Quienes si son responsables de la seguidilla de derrotas en las categorías menores son quienes fueron empleados para armar un proyecto pero que por prestar atención a otros intereses, lo dejaron de lado. Pero claro, la desilusión, la frustración y la bronca por perder en primera ronda de un Juego Olímpico es el primer recuerdo de una camada de maravillosos jugadores, con un potencial desmesurado.

Y mientras tanto, hay quienes creen que el problema es haber perdido tres finales consecutivas en la selección mayor, cuando en realidad jugarlas es el premio. Siguiendo esa lógica del fracaso por arribar a esa instancia definitiva, que ya se instaló en el país ¿cómo se les puede exigir a los jugadores que quieran llegar a una final?

Para el beneplácito dirigencial, lo peor ya pasó. La eliminación sonará un par de días y luego todos se olvidará, como suele ocurrir. Y en ese ínterin, hasta que otro torneo juvenil nos despida en primera ronda, podrán volver a los suyo: sacarse los ojos con sus pares por unos cuantos millones. ¿Por qué? Porque da igual. Si al final, los que lloran son los chicos.

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