Conmoción en el mundo del fútbol: falleció Roberto Perfumo

Conmoción en el mundo del fútbol: falleció Roberto Perfumo

Según el locutor Daniel Santibañez, el ex campeón del mundo con Racing en 1967 murió tras caerse de una escalera en un restaurant de Puerto Madero

por marzo 10, 2016

Puntal del Racing campeón del mundo, fino y firme zaguero de dos mundiales y la frustración de un tercero, milagrosamente salvado de joven en la masacre de Lima, Roberto Perfumo acopió experiencias fuertes de una vida cuya cuna careció de comodidades, que supo exponer con clase en sus tiempos finales de analista de fútbol.

Lucía una estampa mucho más joven que la de comunes 73 años, animaba a escucharlo cuando hacía preguntas develadoras de detalles técnicos a sus entrevistados. Siempre abrazado por el sosiego y el respeto hacia el interlocutor.

Disfrutaba el tiempo de hablar y escuchar, en las rondas de debate por TV como en Pasión Nacional, esa alquimia bohemia de fútbol y tango que compartía con Horacio Pagani.

Perfumo nació cuando se acababan los festejos de la llegada de 1943, en una casa sin luz eléctrica de Sarandí, y de allí empezó la aventura de una vida cargada de hitos, y a cada sinsabor le llegó una revancha.

Porque llegó hasta la quinta de River, pero se tuvo que ir a Racing donde debutó a los 21 años. Fue en ese 1964 cuando junto a los integrantes del seleccionado juvenil de Argentina se salvó milagrosamente en la final jugada en Lima.

“Pensé que nos mataban a todos”, confió en una entrevista cuarenta años después. Recordó al hincha que entró con un vidrio para matar al árbitro que había anulado un gol del empate del peruano Lobatón, las muertes en las tribunas por la represión policial y las puertas cerradas: “Nos metimos en un baño y sacaban los pibes muertos”.

Tres años y medio después, llegó el gran año de 1967 y la consagración ante el Celtic con el gol del Chango Cárdenas, en Montevideo, el 3 de noviembre.

El y el Coco Basile, su amigo de la juventud y de la vida, en el fondo de la zaga, aprendiendo juntos los códigos del fútbol. Hacía tiempo que Juan José Pizzuti lo había sacado del mediocampo. “Fue el mejor equipo que integré, el equipo de José”, aseguró.

Fue puntal de aquél primer campeón mundial de clubes junto a Agustín Cejas, el Chango, Humberto Maschio, el Panadero Díaz, entre otros.

Perfumo transitó tiempos rudos donde los argentinos y uruguayos se trenzaban en batallas en la Libertadores. “El peor era el Peta Ubiña”, un durísimo defensor de Nacional de Montevideo, solía contar.

Perfumo sonreía como aval tácito a su fama de zaguero recio que aplicaba su fórmula en el momento justo. Era ya el “Mariscal”, bautizado por el relator José María Muñoz.

Antes de irse a jugar al Cruzeiro de Belo Horizonte, tuvo la frustrante experiencia de ser participante, también junto a su amigo Basile, del equipo que fue marginado del Mundial de México 70 con un empate 2-2 en La Bombonera. Fue la última vez que Argentina se quedó fuera de una Copa del Mundo.
Tuvo revancha y volvió a estar en el Mundial de Alemania, en la que Argentina clasificó pero sufrió más de lo que disfrutó.

Perfumo sufrió el mayor baile en un partido en el 0-4 frente a Holanda. Fue también quien dio la fuerte noticia aquel primero de julio del 74: “Murió el general”. Nadie en el plantel quería jugar frente a Alemania Oriental por la muerte de Juan Perón. Encima ya estaban eliminados.
De vuelta a la Argentina, terminó su carrera en River aportando al revivir “Millonario” con el título en 1975 tras 18 años de abstinencia. Allí descubrió a su otro gran entrenador: Angel Labruna.

El retiro fue cruel: “Lo peor del fútbol es tener que dejarlo…ve el ocaso como algo lejano que le puede suceder a los demás y de repente, a los 35 o a los 36 años como en mi caso, se encuentra con una JUBILACIÓN que no quería…” escribió en su libreo “Jugar al fútbol”.

A esa edad encontró la salida en la Psicología Social y se puso a estudiar, a pesar de que a loa 13 años buscó evitar la escuela metiéndose como aprendiz de tornero en un taller.
Frustrado paso como DT en Sarmiento y Gimnasia, pasó más de una década vendiendo camperas, hasta que volvió al fútbol como analista y comentarista.

Se despidió como le gustaba, hablando de fútbol y escuchando al tanguero Ariel Ardit en su programa. En Puerto Madero, frente a ese río que vigiló su infancia un poco más al sur, el “Mariscal” empezó su descanso.

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