Messi es el mejor de todos los tiempos, caminando

Messi es el mejor de todos los tiempos, caminando

Ante el Arsenal, Messi fue el jugador que menos kilómetros recorrió de todo el Barcelona con solo 8300 metros; sin embargo marcó dos goles y fue la figura de la cancha. El rosarino volvió a demostrar que es el mejor de todos y es tal la diferencia con los demás, que ya ni le hace falta correr para ser el mejor

por febrero 25, 2016

Si Messi jugara en el fútbol argentino, seguramente sería un fracasado para muchos entrenadores. Es que está tan lejos de los pedidos que se escuchan un fin de semana atrás de otro en nuestro fútbol: “Meté Rodríguez”, “Corré González”, “No la pises más Díaz, tirala arriba”, “Rompé pibe rompé”. Sería un jugador que no cumpliría ninguno de los mil pedidos insólitos que se escuchan por parte de los técnicos. Sería un desobediente en el campo. Un ignorante de los pedidos ajenos. No toleraría ni siquiera esas arengas sin sentido en donde se los incentiva a los futbolistas como si fuesen a una guerra.

Ni siquiera sería un jugador del gusto del paladar de los hinchas, o por lo menos de la mayoría. Aquellos que con tanta efusividad premian con aplausos, cánticos y hasta ovaciones a los jugadores que “dejan la vida por la camiseta”, yendo al piso sin temor y cometiendo infracciones por doquier. Tan pero tan arraigada está esa cultura del aguante en el fútbol argentino que muchos hinchas eligen endiosar a números cinco que tienen más patadas pegadas que pases correctos, a números dos que han lesionado más jugadores de las veces que han salido jugando para su lateral, a números cuatro con poca proyección y mucho puntinazo para el delantero cerca del área.

Messi en Argentina no sería Messi, simplemente porque no se le perdonaría no correr. Para el argentino común los jugadores que no corren, no juegan. El hincha que va a la cancha para ver desde la popular local a su equipo, después de haber hecho largas colas para entrar y de haber pagado una fortuna para ver un espectáculo que no es tal, no tolera que los jugadores no transmitan, al menos, la misma efusividad que ellos dentro del campo. Son posibles de enumerar con los dedos de una mano los casos de aquellos jugadores que no corrían con locura e igual pudieron meterse en el corazón del hincha.

Tan pero tan grande es, que ya ni siquiera necesita correr para ser el mejor. Es el mejor pateando, es el mejor gambeteando, es el mejor encarando y es el mejor caminando. Las lagunas de desaceleración de Messi en la cancha no son más que parte del engaño para los rivales. Camina y camina. Camina tanto que es el que menos corre. Pero cuando le llega la pelota hace que toda esa caminata haya valido la pena, al punto de que ni siquiera pensemos en cuestionarla. ¿O a alguien se le ocurriría pedirle a Messi que corra un poco más? No es necesario ser un atleta para ser el mejor jugador del mundo, ni muchos menos un correcaminos. Todo lo contrario. A él ni le hace falta correr y es el mejor.

Corriendo muchos intentan compensar el déficit en la calidad. Pero una cosa no suple a la otra. Quien corre no va a tener talento, ni quien deja de correr va a dejar de tenerlo.

Cuando terminó el partido contra el Arsenal, Messi le dijo a Suárez “Hoy jugué de suplente”. El uruguayo lo miro contrariado, es que su compañero había metido dos goles. De eso se trata ser suplente para Messi. Corrió poco más de ocho kilómetros, pero con eso le bastó para silenciar el Emirates y dejar una serie de octavos de final de Champions League casi cerrada, con noventa minutos por jugar en la meca del fútbol moderno.

Messi no podría nunca jugar en nuestro fútbol. Nuestro fútbol está enfermo y Messi es un ingrato que, ni siquiera cuando más de 50 mil personas pagan una entrada por verlo jugar, nos da el gusto de correr. Es como si una banda de música no entonara su tema de cabecera en un recital o como si un pintor exhibiera su peor cuadro en un museo. Uno va a la cancha y espera verlo correr pero el tipo es tan ingrato, que camina y camina. Entonces uno rezonga. No puede ser que sea el mejor del mundo y no corra. Pero es. Es tan inverosímil que es real. El tipo no corre, en un deporte en donde los jugadores se desviven por sacarle diez metros al rival, y es el mejor.

Pasará el tiempo y el genio se volverá leyenda. Y cuando ya no esté más, alguien le va a contar a su nieto que vio a Zidane picar la pelota en la final de un Mundial, otro le dirá que vio a Klose astillar las redes del arquero rival hasta ser el máximo anotador en la Copa del Mundo y otro narrará la historia de un fenómeno Ronaldo que dejaba parados a los defensores rivales. Yo simplemente diré que vi a Messi, el mejor de todos los tiempos, y que era tan pero tan grande la diferencia con los demás mortales, que ni le hacía falta correr para ser el mejor de todos.

REALICE UN COMENTARIO