Arruabarrena, el primer DT campeón de Boca surgido de sus inferiores

Arruabarrena, el primer DT campeón de Boca surgido de sus inferiores

El “Vasco” escribió hoy una página inédita en el fútbol argentino. De su mano, el conjunto de La Ribera es campeón luego de cuatro años

por noviembre 1, 2015

Rodolfo Arruabarrena escribió hoy una página inédita en la historia de Boca Juniors, al convertirse en el primer técnico campeón surgido de las divisiones inferiores del club, con el que también conoció la gloria como jugador.

De perfil sencillo, envuelto en la franqueza de sus palabras, por más que alguna vez haya dicho: “Cuando hablo con la prensa miento en el 70 por ciento”. El ‘Vasco’ entró en la historia de Boca sin grandes estridencias pero con el pergamino único y diferente de haber sido un técnico campeón surgido del semillero ‘xeneize’.

Nacido el 20 de julio de 1975 en Marcos Paz, por esas cosas del destino la misma fecha que Julio Falcioni, el técnico campeón anterior en el 2012, llegó a Boca -club de que es hincha- con sus ilusiones a cuesta a los 14 años y para lograr tres títulos en divisiones inferiores.

Su debut en Primera fue en 1993 y luego de un paso por Rosario Central en 1996, volvió a Boca para consagrarse en los torneos Apertura 1998, Clausura 1999 y Copa Libertadores 2000.

Con la camiseta número 3 pegada en su piel mostró lo que luego sería su identikit como entrenador: simple, efectivo, sin vueltas, más concreto que lúcido, sin ser brillante, pero con el espíritu y la garra que identifica a Boca para salir de los malos momentos.

Cuando fuera de la cancha grita los goles de su equipo, lo hace con el mismo gesto de vehemencia, cerrando los puños de sus manos, al igual que convirtió los dos goles aquella noche de la final de la Copa Libertadores ante Palmeiras en el 2000 en el partido de ida de la posterior coronación en el Morumbí de San Pablo.

Luego de estar en el club de sus amores, se fue a España por un período de siete años y fue figura en el Villarreal de Juan Román Riquelme y Diego Forlán.

Después de un paso por el AEK de Grecia y Tigre termino su carrera en la Universidad Católica de Chile, donde obtuvo el título del 2010.
“Siempre cuando jugaba pensé en ser entrenador. Siempre me gusto. Me pasaba mucho tiempo en las concentraciones analizando equipos, jugadores y jugadas preparadas”, contó el ‘Vasco’ al comenzar su carrera en la dirección técnica.

Cursó sus estudios de entrenador en la escuela de técnicos de Vicente López y tuvo como compañero a Marcelo Gallardo, colega de River Plate que lo eliminó este año de la Copa Libertadores en octavos de final.

“Lo felicito a Marcelo. Supo ser fiel a un estilo y bancar a jugadores que luego le dieron resultado”, fueron sus palabras criticadas por el mundo Boca cuando reconoció el título sudamericano alcanzado por el máximo rival.

Tras recibirse de técnico, recaló en Tigre en el 2011 y lo salvó del descenso a mediados de 2012 con una campaña de subcampeón, detrás del Arsenal de Gustavo Alfaro, ante quien hoy festejó su primer título.

Luego pasó por Nacional de Montevideo, y cuando parecía que 2014 era un año sabático, llegó el llamado menos esperado. “No pensé que me llamarían en lugar de Carlos (Bianchi). Yo estaba de descanso y no tenía idea dirigir hasta el 2015. Me sorprendió su salida. Cuando acepté, lo llame a Bianchi y me habló bien del plantel, por eso no dudé”.

Fue el 29 de agosto del 2014, no era un día más en su vida, sabía que de allí en más conviviría con la estresante tarea de dirigir al equipo más popular de un país que respira fútbol.

“Dije siempre que más de un centenar de técnicos quisieran estar en este sitio. Tengo que tener la cabeza fría y disfrutar”, declaró apenas llegó a un Boca que trataba de salir de la conmoción de la salida del “Virrey”.

Pasaron los meses y se conseguían resultados pero no títulos. Tozudo como supone el origen de su apodo, empezó a imponer sus reglas: “Tenemos catorce o quince titulares. Para mí lo importante es la rotación”, contestaba cuando muchos le reclamaban un equipo ‘de memoria’.

Sus momentos más difíciles en el cargo los vivió con las dos eliminaciones coperas a cargo de River: primero en las semifinales de la Copa Sudamericana 2014 y luego en los octavos de la Libertadores 2015, la noche trístemente célebre del ‘Panadero’ y el gas pimienta.
Cuando llegó a ser el técnico con mayor porcentaje en relación a los partidos jugados de la historia de Boca lo relativizo: “Acá lo que vale es salir campeón. Boca necesita un título y si no lo logro me voy a mi casa”, dijo envuelto en la ansiedad de la gloria que soñó de pibe.

Llego Tévez y tuvo que afrontar rumores acerca de que el ‘Apache’ quería cambiar rutinas, alimentación y metodologías de entrenamiento. “Carlos es un jugador distinto y muy importante. Todo lo que el opine es para ayudar no para confrontar. El respeto es mutuo”, aclaró.

Ahora en el medio de los festejos y, cuando la vuelta de la vida lo llevo de los potreros de Marcos Paz a esta iluminada tarde de algarabía por el título conseguido, se siente distinto, más allá de sus errores y aciertos, y de todas las críticas recibidas.

Recorrió el camino desde las inferiores hasta el banco, con todas las escalas que da la experiencia, más allá de los gustos y sabores del fútbol que quiso hacer practicar a sus dirigidos. Y fundamentalmente porque quedó como el primero y único hasta ahora en la historia de Boca con el diploma en merito de ser el técnico campeón salido del semillero, nada más y nada menos.

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